20 de mayo de 2009

El Negrito Zambo

Ahhh, que lindos recuerdos :)

Había una vez un niño negro al que le decían Negrito Zambo. Su mamá se Ilamaba Negra Mumbo, y el papá, Negro Jumbo. Los dos negros eran muy trabajadores y con el fruto de su trabajo le hacían lindos regalos a su hijo. Un día mamá Mumbo le compró una bonita chaquetita roja, un par de pantalones azules, un paraguas verde y unos zapatitos morados.

El Negrito Zambo se vistió con toda esa ropa nueva y quedó de lo más elegante. ¡Qué orgulloso se sentía! Terminó rápido sus obligaciones y salió a dar un paseo por la selva, para que le vieran su nueva ropa. A poco de andar se encontró con un tigre que le dijo:
—¡Negrito Zambo, te voy a comer!
—¡Ay, no me comas, tigre —le pidió el Negrito Zambo—, y te daré mi chaquetita roja!
El tigre pensó en lo elegante que se vería con la chaquetita roja y dijo:
—Bueno, no te comeré si me das tu chaquetita roja.
Se puso el tigre la chaqueta y se fue diciendo muy orondo:
-iYo soy el tigre mas elegante de la selva! iYo soy el tigre mas elegante de la selva!
Siguió andando el Negrito Zambo hasta que se encontró con otro tigre, que le dijo:
-iNegrito Zambo, te voy a comer!
-iAy, no me comas, tigre -le pidió el Negrito Zambo-, y te regalaré mis pantalones azules!
-Bueno -dijo el tigre-, no te comeré si me das tus pantalones azules.
Entonces el tigre se puso los pantalones azules y se fue muy orondo diciendo:
-iYo soy el tigre más elegante de la selva! iYo soy el tigre más elegante de la selva!
El Negrito Zambo siguió andando hasta que se encontró con un tercer tigre, que le dijo:
-iNegrito Zambo, te voy a comer!
El Negrito Zambo, que ya sabía lo pretenciosos que eran los tigres, le pidió:
—¡Ay, no me comas, tigre—, no te comeré si me das tus zapatitos morados.
Entonces el tigre se puso los zapatitos morados y se fue muy orondo repitiendo:
—¡Yo soy el tigre más elegante de la selva! ¡Yo soy el tigre más elegante de la selva!
Siguió andando el Negrito Zambo hasta que se encontró con un cuarto tigre, que le dijo:
—¡Negrito Zambo, te voy a comer!
—¡Ay, no me comas, tigre, y te regalaré mi paraguitas verde.

Entonces el tigre no supo dónde ponerse el paraguas para que le quedara mejor y se lo enrolló con un nudo en la punta de la cola. Y así adornado se fue muy orondo repitiendo:
-iYo soy el tigre más elegante de la selva! iYo soy el tigre más elegante de la selva!
El Negrito Zambo se quedó muy triste al verse sin su hermosa ropa. Tan triste estaba que se puso a llorar amargamente. Pero el Negrito Zambo era animoso, sabía que no se gana mucho Ilorando. Por ello, al poco rato se secó las lágrimas y se puso a pensar qué podría hacer para recuperar su ropa.

En eso estaba cuando sintió un gran ruido de gruñidos y discusiones. Se acercó de puntillas al lugar, se escondió tras una palmera y pudo ver que a corta distancia y bajo otra palmeras se encontraban discu tiendo ardorosamente los cuatro tigres. iCómo discutían!

El Negrito Zambo podía oirlos cómo cada cual trataba de convencer al otro de que él era el tigre más elegante de la selva.
-iFijense bien en mí! -decía el de la chaqueta roja, contorneándose.
-¿No soy acaso el tigre más elegante? -se desgañitaba gritando el que tenía el paraguas amarrado a la cola. Mientras tanto, el de los pantalones azules trataba de demostrar su elegancia al otro, que se había puesto los zapatos en las orejas, para merecer el título del más elegante de la selva.

Los rugidos fueron subiendo de tono y los tigres estaban más y más enojados, hasta que llegó el momento en que se enrabiaron tanto que se pusieron a pelear. Como la ropa que llevaban puesta no era la apropiada y les molestaba para pelear con libertad, se la sacaron y la dejaron tirada, y todos en círculo en torno al tronco de la palmera, agarrandole cada uno la cola al que tenía ante sí, comenzaron a dar vueltas y vueltas.

Tan ocupados estaban peleando que no se dieron cuenta de que el Negrito Zambo, viendo que nadie se interesaba por su ropa, la tomó tranquilamente y se la puso de nuevo. iQué feliz iba el Negrito Zambo con su preciosa ropa nueva! Canturreando se fue a su casa.

Mientras tanto los tigres, sin atender más que a su furia, seguían girando en una vertiginosa rueda en torno a la palmera. Giraban y giraban, y, como hacía mucho calor, porque todo esto ocurría en un lugar de África, comenzaron a derretirse.

Tanto giraron y tanto calor hacía, que al poco rato los cuatro tigres se volvieron manteca. El Negrito Zambo alcanzó a ver esto y se lo contó a sus papás. Entonces el papá Jumbo trajo un gran cántaro y recogió la manteca que había quedado debajo de la palmera en que pelearon los tigres. Mamá Mumbo alistó el fuego y preparó el batido para los panqueques. Apenas llegó papá Jumbo con la manteca se puso a hacer los panqueques. iCuántos panqueques hizo! iUn cerro de panqueques! Cuando estuvieron listos, el Negrito Zambo puso la mesa y junto a papá Jumbo y mamá Mumbo se sentaron a ella. Todos se sentaron y se comieron todo.

Mamá Mumbo se comió veintisiete panqueques, porque ella los había hecho. Papa Jumbo se comió cincuenta y cinco panqueques, porque él había traído la manteca. Pero el Negrito Zambo se comió ciento cuarenta y seis panqueques, porque, después de tantas aventuras, tenía mucho apetito.

2 comentarios:

mix dijo...

Ja, siempre supe que uno se podía derretir de calor!

Es muy lindo el negrito

beatroz dijo...

mi mamá me leia ese cuento cuando era chica. snif!